El despegue,

La sensación de estar de nuevo en un avión me emocionó increíblemente, un poco larga la espera en el aeropuerto, papeleo y todo eso, hasta que al fin llamaron nuestro vuelo # 1537, llevamos el asiento 19 y desde el pasillo se miraba que el vuelo estaba lleno, en su mayoría eran latinos, directo a Nueva York, y claro, no podía faltar un gran porcentaje de los pasajeros con su cajita de pollo campero, la nostalgia del país se hacía presente con el placer de disfrutarse esa pieza de pollo que, hasta la aeromoza bromeaba con saborearse una de esas cajitas de pollo con su español masticado, era canadiense, muy buena onda. Ya estamos volando, ese micro segundo de despegue se siente un cosquilleo en el estomago, me da nervios! pero como me dijo un      amigo, es tan solo un instante y es como esa misma sensación que se siente al dar un buen beso, que ya empiezo a extrañar…

Una larga conversación con la gente de migración, y al fin llegamos a New York. Mauricio ya estaba esperándonos, en esa camioneta de su tío donde nos recibió con el “nigth tour” desde New Jersey hasta el Times Square. Llenísimo de turistas, era la una o tres de la mañana y no había llegado a dormir aún, fue un ajetreado aterrizaje, para preparanos a ir a una fiesta de una amiga Dj, que le rendía tributo al fallecido Michal Jacson, en el Nocoteque Discoteque. Salu! Yo con mi brazo un poco cansado no aguante mucho, pero estuvo divertida la noche de la llegada.

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